La cuarta Revolución Industrial, una nueva perspectiva administrativa

Sebastian Leonardo Diaz Vargas

La cuarta Revolución Industrial,

una nueva perspectiva administrativa

 

A pesar de la aparente estabilidad económica y política que parece reinar en el mundo, nuestra era marca un punto de quiebre sin parangón alguno en la historia humana. Afirmar esto suena arriesgado, pero el proceso de globalización llegó para quedarse, permeando todas y cada una de las esferas que componen la vida del hombre. Desde la coyuntura política internacional hasta los detalles más simples de la cotidianidad han cambiado abruptamente desde finales del siglo pasado, y seguirán haciéndolo sin detenerse. En el marco de este nuevo mundo cada vez más interconectado surge una nueva revolución industrial, la cual reformará la industria, las relaciones laborales (tanto horizontal como verticalmente), los métodos productivos e incluso los bienes y servicios ofrecidos por el mercado.

Pero empecemos por el principio. La Cuarta Revolución Industrial es un término acuñado en primera instancia por un conjunto de empresas consultoras alemanas en el marco de la feria digital CeBit de 2013 en Hannover, Alemania, y conceptualizado y expuesto por el economista Klaus Schwab en el marco del World Economic Forum (del cual es creador) en 2016. Esta hace referencia al profundo cambio en los métodos de producción, distribución y comercialización en la industria global gracias al uso orgánico de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en conjunto con la mecatrónica y la robótica.

La primera, surgida a mediados del siglo XVIII tuvo como gran protagonista a la máquina de vapor, útil originalmente para la industria textil y convertida luego en el motor de la producción fabril en Gran Bretaña y Estados Unidos principalmente. La segunda gran revolución acontece a principios del siglo pasado y se caracteriza por el uso generalizado de la electricidad y la incursión de los hidrocarburos como principales proveedores energéticos, catapultando al petróleo como la materia prima de mayor importancia para la industria y la economía mundial en general. La tercera revolución incorpora a la electrónica como elemento decisivo en los factores de producción, además de adherir el uso de las telecomunicaciones, aunque en una escala mucho menor.

 

Como podemos ver, el catalizador en todos estos grandes cambios ha sido el factor tecnológico. Este es el factor determinante en la eficiencia productiva como en su volumen. Desde las hachas de sílex de la prehistoria hasta la banda de transporte incorporada por Henry Ford a principios del siglo XX, el ser humano vive en un constante proceso de destilación del conocimiento en pro de la eficiencia. En el caso de nuestra era, la incursión de la robótica y los sistemas ciber-físicos son la punta de la lanza tecnológica. Estos últimos hacen referencia a dispositivos con una función física (ensambladoras, monta cargas etc.) y una conección a la red constante, lo cual les permite acceder a bases de datos o mapas, entre otros, para la realización d euna tarea específica.

La revolución 4.0 (como también es llamada) constituye el pináculo de este proceso, y significa un enorme desafío para los ejecutivos y administradores del mañana. Como ya se dijo anteriormente, las relaciones laborales se reconfigurarán de una forma nunca antes vista, y entre muchas razones la incursión a gran escala de la robótica en el sistema fabril, por ejemplo, eliminará cientos de miles de plazas laborales en las fábricas alrededor del mundo. En un principio en países del llamado “primer mundo”, líderes en el desarrollo de tecnología de punta, y conforme avance la mundialización, eventualmente todo el globo verá como los trabajadores industriales son reemplazados por maquinas de un nivel de automatización tan alto que no dependan siquiera de un operario que las controle.

Lo anterior también implica que la tecnificación y especialización serán cada vez más obligantes para el trabajador del futuro. No solo disminuirán, sino que tendrán un nivel educativo superior al actual debido a las características de la infraestructura industrial. Un administrador de empresas del futuro tendrá que vérselas con organizaciones muy inferiores en capital humano, pero de alta sofisticación académica.

Este ejecutivo del futuro tendrá también una relación muy diferente con sus subordinados y con el proceso productivo en general. Una de las características predominantes en la Revolución 4.0 es el Internet de las cosas, herramienta que permitirá la interconección de todos los dispositivos electrónicos con capacidad de conectarse a la red. Esto le dará al administrador la posibilidad de obtener información en tiempo real sobre el proceso que se esté llevando a cabo, y en el caso de los sistemas ciber-físicos nombrados anteriormente, un nivel de automatización casi completo.

Como hemos visto hasta aquí, la industria 4.0 plantea un revuelco completo para casi todas las disciplinas académicas, más especialmente para el campo administrativo. Sin embargo, no todo lo concerniente a esta nueva revolución implica retos para el directivo, o despidos masivos para los empleados. Esta traerá consigo un incremento considerable en el Producto Interno Bruto mundial. Además de las obvios avances técnicos en la producción, la disminución de la mano de obra humana como factor productivo traerá un incremento en el volumen productivo y, por ende, mayores ingresos para las compañías más grandes.

Más lo anterior conlleva otro tipo de problemáticas, una de las cuales la sufrimos con especial intensidad en el presente: la desigualdad. Como se dijo anteriormente, son los países centro los que tienen la batuta en esta nueva coyuntura industrial, puesto que tienen una infraestructura cada vez más parecida a la que veremos mundialmente cuando la revolución 4.0 sea completa. Pero mientras esto pasa, las naciones con una debil infraestructura industrial pero un ejército laboral inmenso (como los países BRICS, especialmente China e India) se verán fácilmente superadas frente a las más desarrrolladas. Lo que un batallón de trabajadores hace en, por ejemplo, una ensambladora de smartphones en Delhi en tres horas, un robot en una planta ensambladora en Reino Unido lo produce en menos de una hora, y a un costo radicalmente menor.

Y ni hablar del caso de Colombia y Latinoamérica. Gracias a las políticas económicas de las administraciones pasadas y actuales, nuestros países han reprimarizado sus economías, esto es, han enfocado todos los esfuerzos económicos y de infraestructura para la producción de hidrocarburos como el carbón, petróleo y otros commodities. Esto nos deja varios pasos atrás en esta era de grandes convulsiones industriales, pues no tenemos ni la infraestructura, ni mucho menos la capacidad científica y académica para implantar este tipo de tecnologías automatizadas.

Esto quiere decir que para el administrador de empresas colombiano, el horizonte no es muy colorido. En un mundo globalizado, tendremos que competir con organizaciones productivas mucho, pero mucho más eficientes que las nuestras y esto no dependerá de las habilidades administrativas de un directivo, o su nivel de especialización académico. Simplemente nuestra industria se verá cada vez más mermada frente al de otras naciones con un desarrollo técnico e industrial mayor.

Pero las potencias mundiales tampoco la tienen fácil. Uno de los retos tecnológicos más grandes que tienen los factores en la nueva industria es el de la seguridad informática. En lo que lleva de siglo, este tema ha cobrado cada vez más relevancia, a tal punto de afectar las esferas más altas del poder político mundial. Las filtraciones hechas por Julian Assange y Edward Snowden, o la “supuesta” inflitración informática de hackers rusos al sistema electoral estadounidense, son algunos ejemplos de los alcances del hacking.

Esto nos pone en una perspectiva un tanto distópica, cada vez más cerca del argumento central de The Terminator, la revolución de las máquinas. Y es que en una época donde, teóricamente, un terrorista informático es capáz de lanzar una bomba de hidrógeno desde su Iphone, imaginar los alcances de los piratas informáticos en el sector informático no es nada descabellado. El Internet de las cosas, junto con los sistemas ciberfísicos no son solo herramientas beneficiosas para el industrial del futuro, sino también una amenaza latente.

Y si ahora, un mundo parcialmente interconectado sufre de este tipo de incursiones, la perspectiva de un mundo totalmente dependiente de las TIC es escabrosa. Los problemas que traería el hacking en la industria son infinitos, pues desde una simple aplicación podría trucarse la producción entera de una o miles de fábricas y, por ejemplo, detener por completo la fabricación de alimentos manufacturados en un país en específico. Como es obvio, los efectos en los diferentes mercados y en la economía mundial son incuantificables.

Al respecto, Jhon Carlin escribió un artículo en 1997 llamado Adiós a las armas. Este, a diferencia de la novela de Hemingway hacía referencia a una guerra muy distinta, casi oculta entre unos y ceros pero que podría significar un Armaggedon, muy superior a cualquiera visto antes por la humanidad. En este artículo se exponen los problemas que supone la interconectividad, y la relativa facilidad con la que un grupo de criminales informáticos podrían, literalmente, crear crisis económicas globales o incluso eliminar por completo el Estado de derecho de algún país, todo desde su laptop. Al respecto el autor introduce su ensayo con la siguiente frase, refiriéndose a Estados Unidos de América. “Para aquellos afirmados en la única superpotencia líder mundial, los vientos digitales soplan fríos a través del brillo triunfante de la postguerra fría” (Carlin, 1997)

 

Referencias

  • Klaus Schwab. (2016). The Fourth Industrial Revolution. Suiza: World Economic Forum.
  • IK4-TEKNIKER. (2013). Sistemas Ciber-Físicos. 17/11/2017, de IK4-TEKNIKER Sitio web: http://www.tekniker.es/es/sistemas-ciber-fisicos
  • Valeria Perasso. (2016). Qué es la cuarta revolución industrial (y por qué debería preocuparnos). 20/11/2017, de BBC Sitio web: http://www.bbc.com/mundo/noticias-37631834
  • Jhon Carlin. (01/05/1997). A Farewell to Arms. Wired, 50, 13.

 

 

 

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